
El caso de Melissa Patiño, ha tenido una calada nacional, por la presunta injusticia que se esta cometiendo. Melissa Patiño ha sido compañera mía, en algunas clases en la escuela de administración de la Universidad San Marcos, y en ningún momento pude rescatar de ella, algún indicio de revolucionaria, radical o protestante. En suma nunca encontré un rasgo que la identificara como terrorista, sin embargo eso no dice ni demuestra nada, ya que existen personas que sin aparentar ser algo lo son, entonces con esto mi argumento quedaría totalmente escupido. Sin embargo el caso de Melissa Patiño, ha tomado cierto inclinación hacia lo absurdo. Veamos por qué:
Esta señorita viajó a Ecuador con el fin de participar en el Segundo Congreso de la Coordinadora Continental Bolivariana (CCB). Según se dice, viajó en reemplazo de un amigo (Luis Enrique Amaya), que le ofreció la oportunidad de viajar de corresponsal con todos los gastos pagados a este congreso. Se dice que la señorita Patiño es una poeta, que pertenecía a un grupo cultural llamado “Círculo del Sur” y que trabajaba en la radio Stereo Villa 101.7. Y debido a estos contactos se le dio la oportunidad de ,en reemplazo de un compañero, viajar a Quito. Lo hizo y según una entrevista en el blog el útero de marita ella utilizó este viaje como pretexto para conocer la movida cultural y establecer algunos contactos con algunos artistas locales. De regreso al Perú, fue detenida por la policía peruana, esposada, fotografiada y exhibida en la prensa como una de las terroristas que estuvieron en una reunión en Quito, donde se tramó cómo sabotear las cumbres de jefes de Estado que está preparando el Perú. Cosa interesante. Pero qué de cierto tiene esto. Es decir, estamos vulnerando un principio fundamental del derecho. Como es posible que sin tener ninguna prueba que corrobore la explícita conformación de Patiño en este sabotaje, se la tenga cautiva en un régimen de por sí estricto hasta el tuétano. Yo, no la defiendo. Defiendo lo que considero justo, y en este caso, la policía y el ministerio del interior, están haciendo algo totalmente injusto teniendo cautiva 2 meses a alguien sin demostrar nada.
Nuevamente esta cártera, presidida por un animal de 7 vidas, demuestra su ineficiencia en ajustar la verdad a la realidad, sintiendo el clamor de injusticia en las ventanas que resguarda de pura necedad e incompetencia. Si se demuestra la relación directa entre la señorita Patiño y esta organización, que se la juzgue, así de simple. Y si no es así, que esta gente que tenga un poco de sangre en la cara y dé un paso al costado, que las vidas se le acaban.
Entendemos la esquizofrenia que deben tener algunos efectivos de la inteligencia policial con respecto a la oleada terrorista que aplastó nuestras conciencias en los años 80, pero de ahí a vulnerar los derechos de una persona, lo considero una pachotada. “Disculpen, soy bolivariano” y qué, ¿eso me convierte en terrorista? Recordemos a estas mefíticas personas que la acusan, que en el Perú, así como en cualquier país democrático, existe la idea de libertad de pensamiento. Es decir, yo puedo simpatizar con el socialismo y eso no me convierte en terrorista. Terrorista es aquel que imparte ideas y/o acciones a través del terror utilizando la violencia premeditada. A mí de verdad me causa “terror” el hecho de que a alguien puedan acusarle de algo sin algún argumento razonable al puro estilo fujimontesinesco.
Empecemos esta conversación a cerca del tema de fondo: El voto facultativo. En la escena se presentan William Ríos y Bernardino Portocarrero (de cariño Beno), amigos de la universidad que se citan después de 1 año de arduo trabajo y distanciamiento, en el hueco (nuestra catedral) dónde alegraban las noches febriles a la salida de la universidad, sólo que ahora están en horas de la tarde, y aunque la presencia de las omnipotentes chelas no han desaparecido, estas van solicitadas de a dos mientras una fuente de cebiche mixto adorna la rojiza mesa dónde están sentados.