Conversación en la Catedral (acerca del Voto Facultativo)

Empecemos esta conversación a cerca del tema de fondo: El voto facultativo. En la escena se presentan William Ríos y Bernardino Portocarrero (de cariño Beno), amigos de la universidad que se citan después de 1 año de arduo trabajo y distanciamiento, en el hueco (nuestra catedral) dónde alegraban las noches febriles a la salida de la universidad, sólo que ahora están en horas de la tarde, y aunque la presencia de las omnipotentes chelas no han desaparecido, estas van solicitadas de a dos mientras una fuente de cebiche mixto adorna la rojiza mesa dónde están sentados.

- ¿Sabías que Ricardo anotó un gol y le validaron por dos?… Es decir, tuvo mellizos.- sugirió William

- Me enteré de que iba a tener un hijo, pero no de que fueran dos. Trabajo doble para el tronado- contestó Beno.

- Es trabajo duro para el tronado, pero debe encontrarse feliz de tener dos calatos. Por lo demás, Ricardo está bien colocado donde trabaja, seguro que le irá bien.

- Aunque eso no le asegura una buena capacidad adquisitiva, tu sabes de eso, la inflación está que se asoma de a pocos y se siente más en los sectores populares- la conversación se ponía un poco tensa ya que ahora se hablaba de la insufrible situación del Perú. – la gente comienza a evocar las épocas de las cifras inflacionarias desproporcionadas del primer gobierno de Alan. ¿A ti como te viene eso?- Beno tiró la pelota en la otra cancha.

- Como  a todos pues, se siente la subida del pollo, del pan. Al menos mi viejita está que sufre con eso. Pero la culpa la tienen los que votaron por el caballo loco. Quién se hubiera imaginado de que vuelva a ser presidente después de desastroso gobierno- apuntó coléricamente William, tratando de seguir el tema- Aunque la situación externa (des)favorezca esos cambios hay algo de responsabilidad del gobierno, o no?- y dejó caer el vaso de cerveza en la mesa, con un aire de desafío.

Mientras tanto Beno cavilaba sobre todo esto de las votaciones. ¿Era necesario de que todos voten? ¿Hubiera sido abismalmente mejor otro gobernante? ¿El voto obligatorio no era una forma de exigir que vote a alguien que no sabe los subterfugios electorales favoreciendo a uno o a otro?

-Sí de todas maneras Willy. Oye, en esto del tema electoral, como sabrás trabajo para El Correo  y me interesaría saber tu opinión acerca del voto popular, o sea, como tú lo has expresado. Cómo así Alan llegó nuevamente al poder, después del desastre de primer gobierno- Beno siguió el hilo de la conversación.

-Es increíble pero así estamos pues, a pesar de que la situación no está tan mal con Alan, hay cosas que huelen mal, como el respaldo a personajes cuestionables como la congresista Benites, el ministro Alva Castro, y así cosas que evidencian posibles fraudes y componendas- dijo William.

- Y ahora que se debate el tema de si el voto debe ser opcional o no. Tú crees que deberían votar los que quieren votar o deberían votar todos obligatoriamente- preguntó Beno esperando la opinión de William.

-Yo pienso que deberían votar los que quieren votar, como en Estados Unidos. Por qué la obligación como si fuéramos unos niños a quién hay que decirles las cosas- asintió William

-¿Tú votarías si fuera así?--Si tuviese tiempo y estuviese al tanto, claro que lo haría, pero si no para qué--¿No crees que sería el pretexto ideal para que la gente se aleje de la política y deje hacer que los políticos hagan lo que les viene en gana con nosotros?-

- Seguro, pero si no es así ocurre lo que tenemos ahora, el mal menor y todo ese embrollo de la democracia- William respondió un poco dolido en su argumento.

- El mal menor es problema de la poca cultura electoral de la población, recuerda que son 25 años consecutivos que llevamos votando, y hemos pasado por elecciones desde Belaunde, Alan, Fujimori, Toledo y nuevamente Alan. ¿No crees que la gente aprenda de sus errores?-

- Bueno, sí quizá, pero a mi parecer a través del voto facultativo la gente estaría dispuesta a votar solo si está segura de a quien apoyar-

-Salió con rima eso- Beno estalló en risas

-Jaja, pero es la verdad pues- señaló William

- Cosas del Orinoco- y siguieron las cervezas sobre la mesa.

Así se presenta la disyuntiva entre instaurar el voto facultativo o seguir el curso del sistema electoral con el voto obligatorio. Preguntémonos, en primer lugar, cuáles son las motivaciones o pulsiones que dan origen a estas controversias. ¿Por qué instaurar el voto facultativo? ¿Qué dio origen a este debate? Voces muy serias apoyan esta iniciativa aduciendo que no se puede defender un sistema electoral en el que tenga que llevarse a la gente de las orejas a votar. Habríamos que preguntarnos ¿Y por qué no? Hay cosas que la gente desistiría de hacer si es que no fueran por obligación, y no necesariamente, esto es lo mejor.

El Perú por cuántos gobiernos democráticos ha pasado (25 años como sostiene Beno) es sensiblemente proclive a desmoronarse con medidas tan desatinadas como ésta. Nuestra realidad –como la de muchos países subdesarrollados- es que tenemos una ciudadanía por construir. El argumento de William es sin duda, el más manido para justificar la implantación del voto facultativo, pero abordemos el tema bajo el análisis de las consecuencias, y posteriormente de las mefíticas causas. Una consecuencia inevitable en nuestra endeble democracia sería la baja participación, puesto que nuestra realidad es distinta a la de otros países en la que se aplica este sistema. Somos un país en construcción democrática donde el voto consciente tiene que ser respaldado por un sistema que obligue (aunque suene feo) a sus ciudadanos a votar, por lo menos hasta que el voto ciudadano sea lo suficiente maduro y el país se vea constituido como una unidad donde lo común predomine a las disimilitudes, arraigados en la onírica integración nacional. “El voto facultativo facilitaría el desenganche masivo del quehacer político. El ciudadano, que ya ahora se siente distante de la corroída escena oficial, quedaría habilitado para no sentir responsabilidad alguna por lo que en ella ocurra. “Ni siquiera los elegimos”, sería el argumento.”

¿Y cuáles serían las hediondas causas de esta propuesta? Entendemos que esta idea pueda simpatizar con los políticos de turno, ya que una baja del nivel de participación, devendría en un minúsculo grupo al cual hacer propaganda. Los políticos acudirían a los amigotes y compadres, para el voto que los perpetraría en el poder. “En pocas palabras costaría menos ser congresista”. Ideas igual de tronadas (como el amigo Ricardo) hacen que el país debata en temas intrascendentes que esconden, tras su sencillez y eufemismo, un lúgubre interés purulento por acechar un sistema que poco tiene de maduro y a un país que mal le vendría optar por educarse o no.

One Response

  1. Este estilo, de por sí, poco serio, es parte de una necesidad de romper esquemas y dar con el interés de los lectores. Esta forma, poco usual, que es traída a menos por los literatos convencionales, aduciendo que el género periodístico tiene que reducirse al desazonado mundo del ensayo, es una manera distinta de generar interés. Hacer un ensayo o un tratado sobre la inmoralidad o el descontento poblacional es, sin duda, una tarea ardua y muy vasta, y parte por comprender las cosas que suceden en la vida diaria y luego, abarcar las escalas de la universalidad a nivel social. No obstante, otra forma menos formal pero más atrayente es a través de la narrativa, ese género cultivado a su manera por el gran moralista mexicano de nuestros tiempos Cuauhtémoc Sánchez, y sobredimensionado por los más grandes literatos como Mario Vargas Llosa. A propósito de este último, me tomé la libertad de nombrar esta entrada como una de sus memorables obras “Conversación en la catedral”, dónde aparece la figura recordada de Zavalita y su elocuente frase ¿En qué momento se jodió el Perú?

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