La labor de la prensa no se limita al pasivo rol de informar desde la imparcialidad del contenido subyacente. En el mismo nivel, y a caso en otro espacio, está la ingrata tarea de adoptar una postura ante una determinada situación. Como en el periodismo el valor fundamental es el escepticismo, debemos recalcar que si hubo la mefítica y purulenta prensa que compró su calidad de intermediario entre la mentira y el pueblo en los tiempos fujimontesinistas, también es posible-por no afirmar que existe- que habiten, hoy en día, tales subterfugios. Muchas veces el campo de la política hedionda invade los terrenos más borrascosos que pueden generar de antemano una reacción inmediata de parte de los opositores. Ahora mismo si cada uno agarra su control remoto, prende la tv y sintoniza el canal 7, canal del estado, no del gobierno y menos del Apra (vale la pena la aclaración), se dará de bruces comprobando que la idea de canal del estado está al servicio del Apra, que no es el pueblo, pero que sí representa al oficialismo. Si no es alguna conmemoración es una inauguración, si no es una celebración es una aparición del Presidente, y si no es una edulcoración es la mentira tras mentira que se niega a desaparecer a través del tiempo, a pesar que se vive en una democracia y no en un gobierno dictatorial. La gente de peso, es decir mayor, que tiene años viviendo y viendo pasar gobierno corrupto tras gobierno corrupto, afirman lo que sería una suerte de aforismo moderno: Cambian las formas mas en el fondo es la misma inmundicia.
Las personas que tienen en su deber buscar la forma de cambiar las cosas y “transmitir” opiniones, que no son inapelables, sino todo lo contrario, estamos en el deber de denunciar y reaccionar enérgicamente contra el uso y abuso asolapado del canal del estado, recordemos que no estamos en Venezuela y que el que ahora gobierna genera tanta desconfianza como rabia.
Todos percibimos lo mismo